martes, 1 de septiembre de 2009

Sueño en sueño

Primero es el abandono intencional e inevitable de esa vida. En el estado neto de trance, empieza un proceso que se rige mediante la experiencia ejercida por su propia conciencia.
En esta eternidad, es esencial permanecer en absoluta libertad de acción. La realidad allí se construye bajo su propia opinión que jamás ha develado, entonces no es difícil darse cuenta de sus metas, esperanzas, deseos...
Resulta asombroso o decepcionante, o ambas, descubrir el verdadero mundo del ser: su mente por dentro sin entes ocultados.
Y el tiempo, inexistente pero supuesto, amerita a la costumbre de la realidad presente, que se fusiona con la inalcanzable perfección de una vida falsa que no tendrá un fin asegurado.
Porque al fin y al cabo, uno termina siendo intruso en el deseo ajeno.

domingo, 16 de agosto de 2009

"Siempre oí que tu vida entera pasa en frente de tus ojos un segundo antes de morir. Primero que nada, ese segundo no es para nada un segundo, se estira para siempre, como un océano de tiempo. Para mí, fueron mentiras a mis espaldas en el campamento de Boys Socuts, viendo las estrellas fugaces caer. Y las hojas amarillas de los árboles de arce alineadas en nuestra calle. O las manos de mi abuela, y la forma en que su piel se me parecía al papel. Y la primera vez que vi el nuevo Firebird de mi primo Tony. Y Janie… y Janie. Y Carolyn. Supongo que podría estar cabreado con lo que me pasó… pero cuesta cuando hay tanta belleza en el mundo.
A veces siento como si la viera toda a la vez y es demasiado. Mi corazón se llena como un globo que está a punto de estallar... Y entonces recuerdo que tengo que relajarme y no intentar aferrarme a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no puedo dejar de sentir gratitud por cada simple momento de mi estúpida y pequeña vida... No tienes idea de lo que estoy hablando. Pero no te preocupes... algún día la tendrás."

viernes, 24 de julio de 2009

dedicado a Migue

Eran las cinco de la tarde cuando fuimos. Caminamos por una calle bastante pedregosa, con casas dispuestas en círculo. Entramos al único tugurio disponible en aquel vecindario.
No muy tarde supe que ciertos maleantes perseguían ambiciosos pero discretos nuestras preciadas figuras. Fingiendo una buena distracción, aumenté mi velocidad de desplazamiento. Una vez adentro, respiré sin restricciones. Nos situamos tras elegir una ubicación noble, y espontáneamente, una típica aunque interesante conversación coloreó el clima. Entre tanto humo de tabaco y alcohol digerido, no hizo falta mucho para que la confianza vaya tomando protagonismo en la comunicación. Y así fue desencadenándose dinámicamente nuestro entorno.
Cuando casi todo estaba ya dicho, algo contaminó un momento que venía siendo muy fiel. Pensé y confirmé que mi capacidad de mi intuición no es poca, ya que aquellos demonios que reconocí, impusieron su aparición al instante. Al parecer-supuse-no son reales o naturales dichos seres. Su actitud era indiferente pero muy inquietante. Nos retiramos como quienes quieren pasar el tiempo en otro lugar.
Mis ojos ya se habían adaptado a ver constantemente los adoquines, y tenía en mente demasiada información sobre mi acompañante. La ansiedad no era la misma del principio, tampoco las ganas. Los momentos de silencio iban incrementándose…
…Y así terminó: contando.

martes, 7 de julio de 2009

viernes, 26 de junio de 2009

martes, 16 de junio de 2009

pinto otro Shakespeare interno

Ha empezado otro día más. Todo es tan rutinario como otro día más. Es temprano, lo se sin mirar el reloj ni el cielo. Me despierto con un fuerte mareo, y supongo que con un poco de fiebre. Me cuesta más que siempre salir de mi cama. Si mal no recuerdo, tuve ciertas-pero insignificantes- pesadillas: las típicas pesadillas de fin de semana, que sólo yo las conozco. Al mirar la ventana, me estoy dando cuenta, que hoy no será un buen día. Pero yo estoy en mi cómoda cama, sin horarios que cumplir por el momento.

El molesto ruido del ventilador de techo me esta absorbiendo casi todo el sueño que podía haber aprovechado de manera efectiva, así que prefiero levantarme definitivamente. Pero antes de salir de mi habitación, miro nuevamente a través de la ventana: Ahí afuera hay un clima tranquilo, vivo en una ciudad bastante céntrica y concurrida. Caminando por la vereda no hay mucha gente.

Voy a la cocina; después de todo me conviene. Sabía que desayunaría por necesidad más que por ganas, pero el dolor de cabeza me gana, y no comeré nada.

Quiero volver al baño, pero no puedo: Hay algo en la puerta de entrada. Algo que me marcaría la vida: Alguien la había cerrado herméticamente con cadenas, de manera que era imposible salir.

No puedo hacer otra cosa más que quedarme mirando por un buen rato lo que tanto me sorprende. ¿Quién habría entrado a mi departamento? ¿Cómo lo habría hecho? ¿Por qué? Esas dudas fueron las que me condujeron a intentar abrir las ventanas. Y fueron aquellas dudas las que a la vez me respondieron a otra pregunta: ¿Era posible salir de mi vivienda?

No. La respuesta era no. También todas las ventanas, que no eran pocas, estaban tan cerradas como la puerta. Eso, sumado a mi dolor de cabeza, me destruyó el poco buen humor que conseguí al dormir. ¿Qué podía hacer? Me dirigí al baño. Lo que encontré allí fue algo que me dio un poco de esperanza, y a la vez me aterrorizó. Había un gran agujero en una pared, como de casi dos metros de diámetro, que no mostraba un fin. Luego de tomar un respiro, no se me ocurrió mejor plan que entrar en él, para poder salir del departamento.

Era un agujero húmedo, olía a humedad, y estaba muy frío. A medida que yo iba avanzando por él, un diminuto puntito blanco de luz comenzaba a hacerse notar levemente. Eso me motivó para seguir con más ganas, por más desganado que estaba. Todo el trayecto demandaba un notorio esfuerzo, del cual descubrí que disponía. No fue el esfuerzo lo único que descubrí, sino también el mareo en mi cabeza, que poco a poco se fue yendo. Parecía quel buen humor iba viniendo a mi estado de ánimo. Todo simulaba ser cada vez más armonioso y tranquilo: El olor ya había desaparecido, al igual quel frío. Y el-antes- insignificante puntito de luz, se agrandaba con rapidez. Faltaba muy poco para llegar a ese gran círculo brillante, ya estaba casi tocándolo. Con mis rodillas y manos totalmente lastimadas, finalmente había llegado.

Ahora que estoy muerto, se que pude superar todos los obstáculos que se me han presentado desde que me desperté. Ahora soy feliz, no hay hambre ni odio: Todo es paz aquí. He llegado al nirvana.